Feminismo, ley y percepciones de desigualdad: una reflexión incómoda pero necesaria
Está en redes sociales, en las calles, en las leyes y también en la forma en la que entendemos la justicia.
El feminismo, en su esencia, no busca privilegiar a un género sobre otro. Su objetivo histórico ha sido corregir desigualdades estructurales que han afectado principalmente a las mujeres: violencia doméstica, desigualdad laboral, brecha salarial, acoso y falta de acceso a la justicia.
Sin embargo, en el proceso de fortalecer mecanismos de protección, también han surgido debates importantes sobre cómo se perciben y aplican ciertas leyes en México cuando los hombres están involucrados en situaciones de conflicto.
El marco legal en México y la perspectiva de género
En México, muchas leyes recientes incorporan la perspectiva de género como principio rector. Esto significa que las autoridades deben analizar los casos considerando desigualdades históricas y contextos de violencia.
Esto ha permitido visibilizar problemáticas antes ignoradas, especialmente la violencia contra las mujeres. Pero también ha generado cuestionamientos sobre si, en la práctica, existe una percepción de trato desigual en ciertos procesos legales, por ejemplo en temas de custodia, denuncias de violencia familiar o medidas de protección.
¿Existe una “indefensión legal” de los hombres?
Hablar de “indefensión legal masculina” puede ser una simplificación. El sistema jurídico mexicano, en teoría, protege a todas las personas sin distinción de género. Sin embargo, lo que sí existe es una percepción social en algunos casos donde hombres sienten que:
Son menos creídos en denuncias de violencia doméstica o abuso.
En disputas familiares, la custodia suele favorecer más frecuentemente a la madre (aunque cada caso es distinto).
Existen estigmas sociales que dificultan denunciar violencia sufrida por hombres.
Esto no significa necesariamente que la ley discrimine directamente, sino que la aplicación práctica, los estereotipos sociales y la carga histórica influyen en la experiencia de justicia.
El otro lado de la conversación
También es importante reconocer que las mujeres, estadísticamente, siguen enfrentando niveles mucho más altos de violencia letal y de riesgo en contextos domésticos y sociales. Esto es parte del motivo por el cual existen leyes y protocolos con enfoque de género.
Negar esta realidad haría incompleta cualquier discusión seria sobre el tema.
Hacia una justicia más equilibrada
El reto no debería ser enfrentar “hombres contra mujeres”, sino construir un sistema más capaz de evaluar cada caso con objetividad real, sin estereotipos de género rígidos.
Una justicia verdaderamente equitativa implica que:
Las denuncias sean escuchadas sin prejuicio, sin importar quién las presente.
Se proteja a víctimas sin dejar de garantizar el debido proceso.
Se reconozcan todas las formas de violencia, sin minimizar ninguna por el género del
afectado.
Reflexión final
El debate sobre género y justicia no es blanco o negro. Es un terreno lleno de matices, heridas históricas y cambios sociales en curso. Entenderlo requiere menos confrontación y más análisis.
Quizá la pregunta no es si un género está “en indefensión”, sino cómo lograr que la justicia no tenga género en su aplicación, aunque sí tenga sensibilidad para entender las diferencias de cada realidad.
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