Una taza de café con mi yo de 12 años 🥺


Una noche bajé a mi cocina. Entre bardas blancas, largas lámparas y una mesa alargada, me senté a tomar un café.


Mientras sostenía la taza entre mis manos, a lo lejos distinguí una pequeña sombra de cabello rizado. Al acercarse, me di cuenta de que era yo... pero con apenas doce años.

Se sentó a mi lado y, con esa inocencia que solo tiene un niño, me preguntó:

—¿Cómo ha sido nuestra vida?

No supe qué responder.

¿Cómo se le explica la vida a un niño que aún no conoce el dolor? ¿Cómo se le habla del tiempo a quien todavía cree que todo es posible?

Respiré profundo y decidí comenzar por lo más hermoso.

Le conté que habíamos tenido un hijo. Sin duda, el regalo más grande que Dios nos había dado. Le dije que también habíamos conocido a una buena mujer y que nos habíamos enamorado como nunca imaginamos hacerlo. Que, aunque otras personas habían pasado por nuestra vida, ella había sido el amor más intenso y verdadero que habíamos sentido.

Después le hablé de los sueños.

Le dije que algunos sí se habían cumplido, aunque no de la manera en que aquel niño los imaginaba. Que, si éramos sinceros, quizá solo el dos por ciento de todo lo que había soñado se había hecho realidad. Pero también le confesé que habíamos luchado con todas nuestras fuerzas y que cada logro había costado sacrificios que él todavía no podía comprender.

Entonces llegó el momento más difícil.

Tuve que decirle que nuestro papá ya no vivía en casa.

Vi cómo sus ojos cambiaron por un instante.

Rápidamente le dije que mamá estaba bien, mejor que nunca, y que mis hermanas también habían seguido su camino, con alegrías y tropiezos, como ocurre en todas las familias.

Tomé otro sorbo de café muy despacio. No quería que ese momento terminara.

Miré a ese niño berrinchudo, inquieto, que no se apegaba a casi nada y que adoraba a su papá. Él todavía no sabía que algún día conocería la tristeza, las pérdidas, las decepciones y los errores.

Antes de que se marchara, solo quise decirle una cosa:

"Cuando crezcas, cuida tu corazón. Fíjate muy bien de las personas con las que decides caminar. No tomes decisiones impulsivas. Habrá momentos en los que sentirás que todo se derrumba, pero no dejes que el dolor decida por ti.

Y, sobre todo, nunca pierdas la capacidad de levantarte.

Porque, aunque la vida no sea la que imaginaste a los doce años, siempre habrá una razón para seguir escribiendo un capítulo más."

Comentarios

Entradas populares de este blog

  Ford EcoSport 2006: ¿Todavía vale la pena comprarla? Análisis completo

Los 10 autos más caros del mundo: algunos cuestan más que un avión privado" 🚗💰

Por qué los hombres dejamos de hablar de lo que sentimos?